Vengo Altiro. Piropo Chilensis.

lunes, mayo 30, 2005

Inclusión social

La exclusión social es una mirada que me resulta fundamental al momento de trabajar en torno a acabar con la pobreza en Chile. Es cierto que en los últimos 15 años hemos, como país, dado pasos importantes en sacar a chilenos de la pobreza e indigencia, pero también es cierto que el estándar que ponemos es precario. Las lógicas imperantes en esta materia son básicamente económicas, aparece la famosa “canasta familiar” como un criterio de medición. Hay millones de chilenos que viven con 170.000 pesos al mes, manteniendo a sus niños. Hay otro importante número de compatriotas que viven con menos de ese monto al mes.

La pobreza la podemos mirar también, como personas que están afuera de las posibilidades, de las oportunidades, de las ecologías sociales donde hay crecimiento económico. (educacional, cultural, político). Benito Baranda, habla de que en Chile hemos edificado “ghetos” sociales, erradicando a los pobres a círculos marginados de los espacios de poder social.

Es evidente que con políticas paternalistas no vamos a torcerle la mano al destino, pobres -como dicen algunos- existirán siempre, frase que por cierto, bajo ningún punto podemos abrazarla como verdad o resignación colectiva.
Incluir socialmente, es un camino por sobretodo humano y patriótico, que puede erradicar nuestra pobreza. Construir relaciones auténticas entre ciudadanos de mejor situación social y los que tienen una realidad marginada, es un camino. Hago atención a la palabra auténtica, pues creo que mucho del tratamiento a la pobreza es entendido como un fenómeno de estudio, incluso la palabra “intervención” es la preferida de muchos. ¿Les gustaría sentirse como Pinki y cerebro? Hablo de relación como un acto honesto, de cuidado mutuo, de interés mutuo, de aprendizaje mutuo. Lo que debe motivar nuestra búsqueda a respuestas en erradicar la pobreza no es sino un convencimiento profundo de que hermanos chilenos están marginados, y que no nacieron en cuna de posibilidades, como las que otros como yo o quizás algún lector de estas líneas pudo tener, lo que debe movernos no es la culpa, no es la injusticia como emoción resentida, sino simplemente el amor y el compromiso por otros que nacieron en la misma tierra. Cómo decía Dante Contreras, ¿Cuántos Nerudas, cuántos Arrau, cuántos Zamoranos, nos farreamos por tener esta lógica del juego?
Buscar formas de inclusión es la pregunta.

A propósito de esto, el próximo post se llamará: Las redes y los horizontes de posibilidades.

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