Vengo Altiro. Piropo Chilensis.

viernes, mayo 27, 2005

Que ondas wey. Se chingan si no hay pasión

Me invitaron a dar una charla a un grupo de jóvenes emprendedores mexicanos, que venían a Chile en el contexto de un premio por una empresa que habían creado.
Por cierto, conversamos algunas horas acerca de quienes eran, qué estaban haciendo, y fundamentalmente quiénes querían ser, y mi indagación fundamental fue la pregunta de qué les apasiona, por qué rayan, qué se les va la vida haciendo.
Sus respuestas fueron tímidas, y con desconcierto, “bueno wey, es que no sé, creo que mi carrera, es lo que me apasiona, pero no sé”

Pregunté, “no digo nadie, ¿pero me sospecho que apasionarse con cosas, marcos teóricos, reglas, está bien dificil?”, proseguí. Apasionarse -creo yo- tiene que ver con personas, con otros allá afuera de mi cabeza y ombligo. Yo he visto vibrar a diseñadores cuando su trabajo genera provocación y encantamiento a otros; he visto abogados vibrar cuando ven que más que saberse leyes, resuelven líos de personas, de gerentes de empresas; he visto vibrar músicos cuando ven que su arte conmueve y encanta a personas.

La pasión -sostengo-, no se encuentra sino en el valor que generamos a otros (que no se escuché que hablo de cosas sociales únicamente) evidencia el trabajo empresarial, el ser empleado de una compañía cualquiera, en ser empleada doméstica, en ser cualquier oficio.

¿Cómo imaginamos “narrativas” de nuestro trabajo que nos brinden pasión diaria y fecunda?

Fue bonito, pues mi amigos mexicanos, fueron observando y descubriendo que si tenían pasiones, y qué detrás de sus estudios o trabajos, había un compromiso por otros, por rostros por los cuáles querían jurársela al máximo.

Aparte me preguntaron ¿por qué los chilenos andamos tan enojados y tristes si tenemos un país, una sociedad, una tierra tan bella?

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